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viernes, 15 de noviembre de 2013

Burdeos


La inmensa Place de la Bourse, en una humeda noche. Un monumento tan espectacular como desconocido.
La inmensa Place de la Bourse, en una humeda noche. Un monumento tan espectacular como desconocido.
Burdeos (Bordeaux) es, como otras ciudades francesas intermedias, una ciudad sin un monumento que la haga destacar, que la permita competir con la preeminencia de París. Esto que puede ser un problema, al mismo tiempo es una ventaja cuando el viajero deja de lado sus prejuicios y su desconocimiento. Esa falta de un elemento central se suple con las posibilidades del conjunto.
De la misma forma que Lyon, Nantes, Montpellier o Toulouse, Burdeos posee muchos elementos que la hacen un destino muy recomendable para un viaje. Además del vino, el más famoso del mundo, Burdeos posee una riqueza arquitectónica, cultural y natural muy destacable. Y todo a poco más de dos horas de la frontera española.
Burdeos es una ciudad media con casi 250.000 habitantes, que llegan al millón en su área metropolitana. Es una gran ciudad pero con el sentido y la medida justa para que el visitante no se sienta agobiado. Grandes avenidas, la mayor el Garona, inmenso cerca de su desembocadura, y monumentales edificios, pero también inmensos parques, plazas y a pocos kilómetros los viñedos que tanta fama y recursos han aportado a la ciudad aquitana.
Escudo de Burdeos

El patrimonio cultural de Burdeos, su arquitectura, sus museos, las abigarradas calles del centro y los grandes espacios que se abren al río como la Place de la bourse o la Esplanada de Quinconces bien valen una visita, aderezada con alguno de los excelentes vinos de la región. De hecho, el centro de la ciudad forma parte del Patrimonio Universal de la UNESCO, con el nombre genérico de Port de la Lune. Visite las páginas dedicadas a los monumentos, museos, al vino para obtener más información.
Pero para empezar veremos la historia de Burdeos y su región y después en las otras páginas les mostraremos los lugares más interesantes de la ciudad.
Un poco de historia
La zona donde se asienta Burdeos, justo al estuario del Garona, era una zona de marismas y pantanos no era precisamente muy salubre, pero el poblamiento, según nos indica la arqueología es continuo. El emplazamiento ya está habitado, al menos, en siglo V a.c. Diversos grupos humanos ocuparán la zona, indoeuropeos, celtas, galos. En está época también se encuentran los primeros rastros de la implantación de la viña..
El Imperio Romano será el primer poder que establecerá el primer esbozo Estado organizado en la Galia. Burdigala, la ciudad romana configurará una sociedad mixta, galorromana, en la última mitad del siglo I a.c, que prosperará gracias a la producción del vino y al comercio del estaño y del plomo, donde el puerto bordelés es una importante escala. En el año 70 D.c. el emperador Vespasiano declara la ciudad capital de la provincia romana de Aquitania. De la época romana aún quedan restos de acueductos, de una curia, de un anfiteatro, etc.
Restos de la romana Burdigala. El pasado romano, a pesar de los siglos aún es visible
Restos de la romana Burdigala. El Palacio Gallien da nombre a los resto del anfiteatro. El pasado romano, a pesar de los siglos, aún se puede ver.
En el siglo III d.c comienza la decadencia con las invasiones bárbaras, aunque la importancia de Burdeos importancia se mantendrá durante casi un siglo más. La Edad Media, sin embargo, es una época tumultuosa. Nuevas invasiones de suevos, alanos, francos, árabes, se suceden con la curiosa y recurrente costumbre de saquear la ciudad. Después vendrán los normandos, los vikingos con sus drakkars, adaptados perfectamente a los anchos ríos atlánticos.
Hacia el siglo XII los poderes locales comienzan a organizarse. Los condes se convierten en duques y los duques en reyes. El complejo sistema de alianzas y de matrimonios, que vinculaba la tierra a las familias nobiliarias, hará que gracias a una unión la Guyenne, (la Guyana o Aquitania en español) forme parte de las tierras del rey, de Inglaterra. El matrimonio de Leonor de Aquitania con Enrique II, en 1154, hace que una buena parte de lo que hoy es Francia pase a formar parte durante siglos de la corona inglesa. La Guerra de los Cien Años se explica mucho mejor comprendiendo que Francia e Inglaterra no eran lo que hoy son, ni mucho menos, sino los feudos por los que luchaban dos casas reales ávidas por controlar el mayor numero de tierras y recursos, en su familiar beneficio.
La unión dinástica con Londres, desarrollará un comercio vinícola muy lucrativo para los mercaderes bordeleses y la Iglesia, que fundará numerosas comunidades eclesiásticas, construirá iglesias, etc.
La ciudad no volverá a la tutela del rey de Francia hasta 1453 tras el fin de la Guerra de los Cien Años. Sin embargo, los reyes franceses tendrán gran dificultad en controlar una región que seguirá siendo anglófila y que entra en decadencia tras el fin del comercio del vino con las Islas. Los siglos XVI y XVII son muy complicados para la región, ya que a la crisis económica, – quizá causados por ella -, se unen problemas religiosos y políticos. Los lógicos deseos centralistas de los reyes se enfrentan a una gran autonomía de la ciudad, consecuencia de las concesiones otorgadas después de su vuelta a manos francesas. Esa explosiva mezcla, con las Guerras de religión como centro del conflicto, sumirá a Burdeos y a todo el país en una época terrible.
La recuperación no llegará hasta el reinado de Luis XIV, tras décadas de edictos, batallas y matanzas, justo con la apertura del comercio ultramarino. Una vez más, la economía marca el paso y suaviza los conflictos. El segundo apogeo de Burdeos se debe a América. Como el caso de Nantes, los grandes puertos atlánticos se enriquecerán y crearán importantes burguesías, clave para comprender el futuro desarrollo de Francia y la propia Revolución. El único problema es que este desarrollo se debió al comercio triangular entre Europa, America y África, cuya moneda de cambio fueron los seres humanos. La trata de negros, el comercio de esclavos permitirán el resurgir bordelés. El siglo XVIII ve la mejora de la ciudad, la construcción de edificios como el gran teatro, la desecación de las marismas. En tiempos de Luis XV se construye el edifico emblemático de la ciudad que define y representa las cualidades y los defectos de Burdeos, la Plaza de la Bolsa.
Retrato de Montesquieu, el autor del Espíritu de las leyes.
Retrato de Montesquieu, el autor del Espíritu de las leyes, ilustre bordelés.
Este éxito basado en la explotación del hombre por el hombre, paradójicamente, será el caldo de cultivo de la mentalidad ilustrada, les Lumieres. Montesquieu que nació en un pueblo cerca de Burdeos será uno de sus máximos exponentes.
Durante la Revolución Francesa, la participación de los bordeleses es importantes. A pesar de que la mayoría de los lideres de la facción girondina no fuesen originarios de la región, el hecho de dar su nombre marca la importancia de los comerciantes e ideólogos de todo el atlántico francés.
La Revolución cambiará muchas cosas y Francia tardará mucho en acomodarse a los cambios y a las permanencias. El siglo XIX será un siglo de decadencia y modernización. La trata de esclavos sigue siendo un importante negocio que, no obstante, se acabará pronto. Al comercio con America le substituirán las nuevas relaciones con las colonias africanas. Burdeos continua con su espíritu negociante y comercial.
Con la llegada del siglo XX el eje económico francés se desplaza hacia la línea entre París, Lyon y Marsella, después Niza. Esa pérdida de influencia se ha mitigado en la segunda mitad del XX desde la llegada a la alcaldía del general y después primer ministro Jacques Chaban-Delmas. Este político de larga carrera política, intentó desarrollar nuevos sectores en la capital girondina como el aeronáutico. Su impronta, fue alcalde casi durante cincuenta años, se nota aún hoy, otra vez en lo positivo y en lo negativo.
Burdeos se pone en marcha de nuevo y, en un mundo donde las grandes metrópolis no parecen ser la solución, tal vez sea el momento de las ciudades medianas.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Lille

La Gran Plaza de Lille con el edificio de la camara de comercio y su espectacular torre campanario, tan famosa como típica.
La Gran Plaza de Lille con el edificio de la camara de comercio y su espectacular torre campanario, tan famosa como típica.
La ciudad de Lille es una de las cinco más grandes de Francia, con 1.100.000 habitantes en la zona metropolitana, aunque Lille ciudad no llega a las 300.000 personas. Capital de toda la región industrial del norte de Francia, antiguo centro metalúrgico y carbonífero, Lille es una ciudad que ha evolucionado mucho. Su evolución se podría comparar con la de Bilbao, en España, una ciudad que intenta superar la reconversión industrial transfórmandose en ciudad de servicios, de industria de punta y de cultura.
La ciudad ha recuperado parte de sus colores una vez que la industria a cesado de contaminar los aires, Lille y la Región Nord Pas de Calais ha perdido su pátina negra y el gris se ha vuelto luz. Luz en los edificios que han ganado visibilidad, luz en las navidades, época de fiesta y de celebraciones callejeras en Lille.
La arquitectura recuerda a otras ciudades del norte de Francia comoArras y  a las belgas del otro lado de la frontera: Bruselas, Amberes, Brujas…
Escudo de Lille

La Grand Place de Lille recuerda en grande la Gran Place de Bruselas. Todo el centro es una maravilla para la vista, con callejuelas y siempre edificios bellos y recién restaurados a la vista. El campanario de la Gran Plaza es una muestra de los típicos torreones famosos en toda la región. La película Bienvenido al Norte, éxito en Francia y el mundo entero muestra en clave de comedia las pequeñas diferencias entre los parisinos y las gentes del norte, los ch’tis.
La fortaleza de Vauvan.
Tras la conquista en el siglo XVII Lille se convierte en francesa tras siglos de dominación borgoñona y española. La Ciudadela defensiva de Vauvan es muestra de los cambios y sobre todo es un excelente lugar para una visita cultural. Las fortalezas de Vauvan pertenecen al patrimonio Universal de la Humanidad de la UNESCO.
Lille se encuentra en una zona pacífica desde el final de la II Guerra Mundial pero antes había visto muchas guerras y destrucción. Muy cerca de Lille se encuentran los campos de batalla de la I Guerra Mundial y sus silenciosos cementerios donde reposan juntos soldados de todas las naciones que se hicieron la guerra sin merced. Una visita a esos campos debería ser obligatoria para evitar que hecatombes como esas vuelvan a producirse.
La gastronomía y las cervezas, tan suculentas como en la vecina Bélgica, son otra ventaja, otro elemento de interés de Lille. No dejen de probarlas en mitad del ambiente de la zona vieja.
Lille a menos de una hora de Paris y junto a la frontera belga permite conocer el norte de Francia, zona llena de historia y por qué no hacer una visita a nuestros vecinos belgas.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Lyon


El Ródano, el río que recorre Francia de norte a sue. Lyon reposa sobre el valle.
El Ródano, el río que recorre Francia de norte a sur. Lyon reposa sobre el valle del Ródano, vigilandolo, desconocida y bella. Un paraíso para los turistas.
Lyon es una de las ciudades más importantes de Francia, la tercera ciudad después de París y Marsella. Está situada en el sudeste, en la región de Ródano-Alpes, donde confluyen los ríos Ródano y Saona.
Lyon ocupa una posición geográfica estratégica en cuanto a la comunicación norte-sur de Europa, ya que se sitúa al norte del corredor natural del valle del Ródano (que se extiende de Lyon a Marsella), entre el Macizo Central al oeste y el macizo alpino al este. En ese sentido, posee una gran red ferroviaria y un aeropuerto internacional. En cuanto a distancias kilométricas, Lyon está a 470 Km. de París, (lo que en TGV no es llega a 1 hora y media), 320 Km. de Marsella y 630 Km. de Barcelona.
Antigua capital de los galos durante el Imperio romano. A partir de la Edad Media, Lyon se convirtió en una ciudad comercial donde las ferias tenían un gran protagonismo; más tarde en un centro financiero de primer orden desde el Renacimiento al final del siglo XIX. Su prosperidad económica se debió al monopolio de la seda, y después a la aparición de industrias, sobre todo, las textiles y las químicas.
En este sentido, Lyon se puede definir históricamente como una ciudad industrial, donde  actualmente destacan las industrias petroquímicas a lo largo del Ródano. Con el cierre de las industrias textiles, Lyon se centró en los sectores de actividad de técnicas de punta, como la farmacia y las biotecnologías.
Por otra parte, Lyon es la segunda ciudad estudiante de Francia, después de París, con cuatro universidades y varias Grandes Escuelas, el equivalente de las Escuelas de Negocios en España.
La ciudad ha conservado un patrimonio arquitectónico muy importante, reflejo de épocas diferentes, que nos cuenta la historia de la ciudad. Dos mil años de historia han dejado sus huellas sucesivas en el paisaje urbano. Y el casco antiguo de Lyon ha sido clasificado como patrimonio mundial de la UNESCO. “Lyon, ejemplo eminente del establecimiento humano, representa un testimonio excepcional de la continuidad de la instalación urbana durante más de dos milenios” ha declarado el Comité del Patrimonio mundial de la UNESCO.
Escudo de Lyon.

Se corresponde con un territorio de 500 hectáreas que nunca ha dejado de estar habitado y lleno de animación y en el que se ha desarrollado sin interrupción la historia de la ciudad desde la fundación de Lugdunum. Con Burdeos, es uno de los espacios más vastos inscritos dentro del patrimonio mundial. Entre los espacios declarados se encuentran: la colina de Fourvière y sus emplazamientos antiguos, el casco antiguo (Vieux Lyon) medieval y renacentistala península clásica y hausmaniana, la colina de la Croix-Rousse, patrimonio urbano del siglo XIX asociado a los Canuts (obreros de la seda) y la orilla izquierda del río Ródano, testimonio del desarrollo industrial y tecnológico de la ciudad (barrios de Brotteaux, Part-Dieu y Gerland).
La ciudad presente una auténtica continuidad urbana, un libro de arquitectura que la mayoría de las ciudades europeas no tienen, ya que se han desarrollado reconstruyéndose en un mismo lugar. Gracias a su geografía, Lyon se ha extendido hacia el este a lo largo de los siglos, ofreciendo una continuidad física de los centros de cada época.
En la actualidad, la vida continua en la zona histórica de Lyon, corazón de la ciudad, con sus monumentos, sus centros culturales, sus restaurantes y hoteles. Una zona que continúa su modernización y la conservación de sus edificios.
Una de las características de Lyon es el encanto que encontramos en los barrios viejos donde hay varios calles estrechas o callejones, los llamados “traboule“. Estos pasajes permiten atravesar los edificios de una calle a otra cruzando por los patios de estos edificios.
La ciudad de Lyon ejerce una atracción importante a nivel nacional y europeo, tanto desde el punto de vista económico como social y cultural. De hecho, en los últimas décadas ha habido un gran flujo de población hacia la que se considera como una de las comunidades urbanas (el gran Lyon) más pobladas de Francia, con  1 257 117 habitantes en 2007. Ya lo decía el crítico literario de entre-guerras, Albert Thibaudet: “Si País es la capital de Francia, Lyon es la capital de la provincia”.
Panorama del centro de Lyon, cuyo casco histórico forma parte del patrimonio de la Humanidad e la UNESCO. SIn embargo, Lyon también es una ciudad de arte contemporáneo.
Panorama del centro de Lyon, cuyo casco histórico forma parte del patrimonio de la Humanidad e la UNESCO. Sin embargo, Lyon también es una ciudad de arte contemporáneo.
Un poco de historia
Lugdunum
La historia de Lyon, llamada aquella época Lugdunum (colina de la luz o colina de los cuervos) ha comenzado bajo el Imperio romano en el I siglo a.C. Conoció un gran apogeo político, económico y militar durante tres siglos en razón de su estatuto de capital de las tres Galias. Después, fue afectada por un gran período de cambios hasta que la iglesia la nombra sede del Primado de las Galias en el siglo XI.

El Renacimiento: el apogeo de Lyon
Su prosperidad no cesa de crecer hasta llegar a su apogeo en el Renacimiento. Desde finales del siglo XV, la creación de grandes ferias y el desarrollo de la banca atraen a los comerciantes de toda Europa. Después se instala la élite intelectual y artística.
La expansión continúa en los siglos XVII y XVIII, en los que la seda lionesa viste a las mujeres más bellas y decora los ricos interiores de todo el mundo. La ciudad se desarrolla geográficamente y urbanísticamente, con plazas y edificios de calidad.
La Revolución Francesa marcará un nuevo período de inestabilidad, pero el Imperio relanza de nuevo su expansión. Lyon se convierte en una ciudad industrial y continúa su acondicionamiento urbano con una predilección por el estilo « haussmaniano » de la época (al igual que París). En un período marcado por las revueltas de los Canuts (obreros de la seda), la potencia de la ciudad es de nuevo incontestable y acompaña a la ciudad a la entrada del siglo XX.
Una ciudad que ha cambiado de cara
El urbanismo no ha cesado de evolucionar modificando el aspecto de la ciudad. La Segunda Guerra mundial marca un paréntesis en la ciudad convertida en la capital de la Resistencia. Sólo después comenzará el verdadero desafío de la modernidad, con la fundación de la Comunidad Europea. Así, Lyon adquiere esa dimensión europea con el desarrollo de los transportes, las infraestructuras y los equipamientos culturales, además de la creación en 1960 del centro de negocios de la Part-Dieu, donde se encentra la estación ferroviaria.
En los años 80 este urbanismo recibirá un nuevo impulso a fin de mejorar las estructuras de la ciudad. Enormes obras de acondicionamiento se llevarán a cabo en lugares estratégicos, al mismo tiempo que se crea una política de valorización del territorio. En algunas décadas, Lyon se convierte en una ciudad donde conviven armoniosamente el pasado y el presente.

martes, 5 de noviembre de 2013

Marsella

Bella imagen del Puerto Viejo, le Port Vieux bañado por la luz provenzal. Aquí tenemos el verdadero centro turístico de Marsella.
Marsella es el sur, es el acento rugoso de midi del hexágono, Marsella es una abanico de colores y sensaciones. La ciudad fundada hace más de dos milenios es una mezcla de colores, de gentes, sabores y emociones…
El viajero se encontrará la luz tamizada con amarillos de mil matices que doran las aguas tan azules del Mediterráneo. Se encontrará las terrazas siempre llenas de gentes que han llegado de todo el mundo y que a veces se han quedado para crear esa identidad, rugosa como la roca que rodea Marsella, suave y agradable cuando se la sabe tallar.
Así es el carácter marsellés, blanco y duro como la piedra caliza que forma los farallones sobre los que se erigen sus iglesias, sus fortalezas y sus museos. Blanca como la misma piedra que sin ser tallada por el hombre fue esculpida por la naturaleza durante eras para crear las apoteósicas Calanques, esos fiordos blancos y áridos en cuyo interior el agua es sólo turquesa y bañarse en verano equivale ha realizar un viaje iniciático. Marsella y sus gentes, múltiples, diversas, mezcladas, tozudas, agradables y acogedoras.
Marsella, la segunda ciudad de Francia en población, el primer puerto, una conurbación de más de un millón y medio de habitantes que llega hasta la ciudad del agua, Aix-en-Provenza, pero una ciudad donde en algunos bares del Port Vieux y dela Avenida de la Canabière aún se pueden escuchar historias inauditas, Marsella una ciudad que por momentos parece un caos y por otros un pasible puerto de pescadores donde a la vuelta de la esquina nos cruzaremos con Maqroll el Gaviero, escapándose torpemente de su mentor, el señor Álvaro Mutis.
El Mediterráneo durante el atardecer, con las Calanques al sur ya casi dibujandose. La Iglesia de Notre Dame de la Garde domina la colina y Marsella.
A lo largo de las siguientes páginas les guiaremos por las callejuelas, las afinidad, las islas, las calanques de Marsella. Esperamos que las informaciones que les mostramos sirvan para comer mejor y apreciar la gran ciudad francesa del sur del país. Marsella se encuentra a mitad de camino entre Italia y España, lo que hace de ella, y de todo su entorno (Aix-en-Provence, las Calanques, Cassis, Aviñón, les Alpilles, les Baux de Provenza, el Macizo del Luberon, los Alpes…), un destino ideal para conocer el sur del Francia, su naturaleza, su gastronomía, cultura y arte.
La historia sumerge a Marsella al punto que, a veces sus, habitantes se olvidan de ello y la ciudad posee ese halo de decadencia romántica tan apreciado por muchos turistas. Pero esa imagen de antigüedad no es del todo cierta y las obras recubren la ciudad foceana preparándose para la capitalidad cultural de la ciudad en 2013.
Escudo de Marsella


Marsella conserva restos griegos, sus fundadores, romanos, medievales, modernos y contemporáneos, Marsella es historia en cada piedra, en cada monumento o edificio. Reformada en buena parte durante el siglo XIX como París bajo Haussman, Marsella posee grandes avenidas y barrios recónditos que hoy son descubiertos por los turistas, como el de Le Panier. Marsella es la ciudad del fútbol, una verdadera religión, comparable a la locura que tiene lugar en España o América latina. Esto la diferencia de las ciudades de su entorno, donde el rugby aún provoca pasiones más civilizadas, y del las resto del país donde el deporte rey se ve con indiferencia e incluso desdén. En ese sentido, Marsella es distinta, lo verán los días de partido en el Velodrome, el estadio del Olympique de Marseille.
Pero la cultura y el arte también están muy bien representados en Marsella con sus grandes museos e instituciones culturales como La Charité, un antiguo convento del siglo XVII, hoy centro cultural.
Los jardines y parques de la ciudad también son un gran atractivo. Marsella cuenta con parques y jardines preciosos, cuyas bonitas fuentes no dejan de refrescar obligadamente le calor sureño. En el Jardín de Colline Puget las estatuas de piedra del XIX decoran un marco que ya es en sí es un decorado increíble, duro pero vivo, pues Marsella se cala entre la montaña y el mar, resistiendo.
La gastronomía es otra de las ventajas evidentes de un viaje a Marsella. El pescado que es difícil de conseguir y degustar en el sur del país en cuanto nos alejamos un poco de la costa es aquí el verdadero protagonista. Desde la conocidísima sopa de pescado, la bouillabaisse, hasta los diversos tipos de mariscos y de pescados, los frutos del mar son platos habituales en los restaurantes de la ciudad. Junto a ellos los magníficos vinos blancos y rosados provenzales del país y un pastis, el anisado típicamente sureño como aperitivo. Aceitunas de mil tipos, brandada de morue, es decir, un plato hecho de bacalao desmigado que nadie debería perderse y la anchoiade, una salsa o pasta hecha a base de anchoas en salazón que se unta en magnifico pan, completan una breve muestra de las riquezas culinarias de la ciudad.
El puerto Viejo de Marsella baja la luz cálida del atardecer mediterráneo.
El puerto Viejo de Marsella baja la luz cálida del atardecer mediterráneo.
Otra de las actividades que será preciso imitar es la del tranquilo paseo por los aledaños del Port Vieux, el Fort Saint Nicolás y de la Major, la catedral. Desde allí se ve el puerto comercial de Marsella que es el más grande de Francia, con una actividad frenética tanto de mercancías como de inmensos ferries que unen el sur del país con Córcega y con Italia y el norte de África. Miles de pasajeros embarcan cada día hacia uno u otro de los márgenes de ese lago común, donde los hermanos no consiguen ponerse de acuerdo.
A pesar de la incesante actividad portuaria, Marsella cuenta convarios kilómetros de playas increíblemente limpias, y más al sur se encuentran escondidas tras paredes calizas las calas perdidas de azul cristalino entre medio de los acantilados y una flora y fauna muy diversa: las Calanques.
Marsella tiene 26 siglos de historia tras sus espaldas y combina modernidad y tradición. Se busca y, a veces, hasta se encuentra. Mientras tanto, sus habitantes viven que no es poco.